sábado, 26 de febrero de 2011

Roberto Equisoain: Bla,bla,bla

Fue la primera persona que conocí al llegar a Berlín en el 2005. Tuve que llamar al timbre de mis nuevos vecinos para pedirles la llave del lugar donde yo tenía que vivir los siguientes tres meses. Roberto, que mas tarde pasaría a ser Equi para mi, como lo es para la mayoría de gente que lo conoce, abrió la puerta ensimismado. Llevaba una cámara de video a cuestas y tras observar como la dueña del apartamento me daba mi llave, me pidió si podía ir a llamarle por teléfono desde mi nueva vivienda. La razón: estaban filmando un cortometraje y necesitaba que el teléfono sonara varias veces antes de que la chica contestara haciendo que hablaba con alguien al otro lado. Era como si yo hubiera llegado en el momento preciso. Desde entonces nos hemos ido encontrando, siempre desde esas causalidades que hacen mágica la vida, y en cada encuentro leemos en los ojos del otro que hemos caminado sobre el mismo suelo, navegado en el mismo océano o volado entre las mismas estrellas. Tal vez lo que cambia es la visión desde donde cada uno mira, pero eso, lejos de enfrentarnos nos convierte en complementarios. Quizá es por eso que los encuentros parecen pactados, porque en cada uno de ellos uno puede encontrarse a sí mismo reflejado en el otro. Tan distintos como iguales, tan distantes como unidos por un fino hilo de Ariadna, desde donde yo me la paso creyendo en lo que siento y él cuestionando hasta lo que siente. Yo creando para la conciencia mientras él crea para ser consciente. Sea como fuere, siempre parece acompañarnos la quietud del movimiento… ambos caminando, ambos navegando, ambos dos volando.

Como la técnica de meditación vipassana de la que tanto me ha hablado, Equi siempre busca romper la mente, y aunque está fascinado por las trampas del lenguaje, más lo está aun por la mística. Lector apasionado de Santa Teresa o de San Juan de la Cruz, jamás se olvida de recordarme que él se considera un ateo. Yo me río porque creo que es consciente de lo que pienso. Sabe que yo siento que el si cree. Cree en si mismo, en lo que siente, incluso cuando su búsqueda de la autenticidad le obligue a ponerlo todo en duda. Incluyendo su ateismo.

Roberto Equisoain nació en Pamplona pero vive y trabaja en la capital germana desde mucho antes que un servidor. Sus fotografías, videos y escritos cuestionan el engaño de los lenguajes, tanto los establecidos como los que construye nuestra mente. Construcciones que se tornan realidades y dogmas para todos nosotros sin ser la mayoría de veces conscientes de ello. Trampas que usamos para sentirnos seguros en un universo que no logramos abarcar desde la propia limitación de nuestra mente.


“El agua que sube” es uno de los más bellos trabajos en video que he visionado. En el nos presenta la maravillosa toma de un riachuelo con cascada en el cual el agua fluye hacia arriba, hacia su origen. Pura poesía visual que me recuerda la historia que me contaba un chamán una vez, sobre un lugar que él conocía donde el agua fluía precisamente hacia arriba. Un lugar sagrado donde parece ser que sucedían otras muchas cosas difíciles de creer para una mente común. Tal vez por eso el arte sea un camino hacia la verdad, hacia la destrucción del espejismo que nos desvela las sombras de la caverna de Platón y nos adentra a la vez en las infinitas posibilidades del mundo emocional interno.

Su trabajo no es trabajo, es juego, es divertimento, es vida. Es el ejemplo claro de que el arte es libre y no tiene sentido encerrarlo entre cuatro paredes de cristal. Por eso se me escapa una carcajada cada vez que leo el Blablablabla Blablablabla bla Blabla Bla”. Se trata de la traducción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 al lenguaje blablablá. Incluso el mismo nombre del autor de la traducción y la explicación sobre la obra quedan afectados por un virus que nos recuerda demasiado al mundo real visto con los ojos del alma, donde las palabras sobran, donde lo que habla es el momento, el ahora, la emoción… y lo demás, solo es bla,bla,bla.

Víctor Brossa

No hay comentarios:

Publicar un comentario