miércoles, 14 de diciembre de 2011

Crónicas del Perú - 1ª parte: Contacto desde la humildad

Llegamos a Cusco tras hacer escala en Lima el lunes por la mañana. Justo unas horas antes, el país entero se estaba mobilizando a nivel político y social. Parece que llegamos en un momento de profundos cambios.






Ariadna empezó a canalizar y unimos nuestras manos
para sentirnos. Empezamos a darnos cuenta de lo importante que era conectarnos como tribu, pero no desde la anulación personal, sino tratando de ser todo lo posible nosotros mismos para regalar ese brillo al grupo.


El primer contacto con el mal de altura fue la señal que reforzaba nuestra intención de pisar esta Tierra Sagrada desde la más absoluta de las humildades.
Solo llegar a Lima, antes de tomar el avión hacia Cusco, salí a la calle y besé el suelo como hacen los Papas, que no es algo que hagan por casualidad o capricho. Saben mucho, los que tienen secuestrado el conocimiento sobre como funcionan las cosas en este mundo de auténtica Magia. Por eso, al aterrizar definitivamente en Cusco, todo el grupo que forma esta expedición de crecimiento interior pidió permiso a los ancestros y dimos las gracias a esta tierra por acogernos.
A pesar del cambio horario y la cantidad de horas que llevábamos sin dormir, teníamos muchas ganas de hacer cosas, de visitar lugares, de empaparnos de la esencia de estas tierras Incas... y nos encontramos de golpe con el mal de altura.
Ya veníamos con la lección aprendida, e incluso algunos de nosotros estábamos tomando homeopatía de coca, pero uno no es consciente de las cosas hasta que las vivencia, hasta que las experimenta. Solo al caminar por la ciudad nos dimos cuenta de hasta que punto nos faltaba el aire. Decidimos entonces poner el modo "tortuga", como dijo Ferrán, uno de los componentes del grupo. Nos dimos cuenta, forzados por las circunstancias, que no había prisa alguna, y sentimos que aquella impotencia física que nos hacía tan vulnerables era en realidad un regalo que nos enfrentaba a nuestra propia fragilidad. Nuestro propio cuerpo nos frenaba, como cuando uno se pone enfermo, para reencontrarnos con nuestro propio ritmo.
Nos ofrecieron una infusión de coca. Desde entonces no hemos dejado de tomarla para ayudar a nuestro cuerpo a aclimatarse a los más de 3400 metros de altura.
Llegamos once, pero eramos doce. Gerard, un fotógrafo bohemio y campechano que ya llevaba una semana explorando Cusco y sus alrededores nos esperaba para ponernos al día. Su piel estaba quemada por el sol pero su cara de felicidad fue uno de los primeros regalos que recibimos. Había enfrentado su miedo a viajar solo y estaba feliz. Se convirtió de forma natural y espontánea en el guía del grupo.
Los tres primeros días parecieron semanas, no por la cantidad de cosas que hicimos o el ritmo que mantuvimos, sino por la intensidad emocional que empezó a desplegarse en todos nosotros al ir abriendo el corazón los unos ante los otros. Las canalizaciones de Ariadna y la predisposición de cada uno de los guerreros hizo posible que empezáramos a sacarnos máscaras. El resultado fue bello miraras por donde miraras.
El grupo se fue acoplando como consecuencia de varias sesiones de meditación conjunta que hicimos en lugares de poder a los que nos llevó el destino y los Maestros, que susurraban cada noche al oído de Ariadna el destino del nuevo día.
Gerard se dejaba sentir y nos guiaba de forma magistral como un auténtico chamán. Los demás, desde la humildad, no competían. No era necesario. Todos daban el valor necesario a cada instante y a cada componente. Ariadna puso el resto, canalizando de corazón desde el alma de los miembros del grupo. Los doce nos dejamos remover venciendo el temor al juicio propio o al de los demás compañeros y compañeras que se reflejaban como espejos. Conectamos con nosotros mismos, con la Tierra, con el Sol y los elementos. Abrazamos nuestro corazón y tanto en Saqsaywaman como en Moray, fuimos custodiados por fuerzas sutiles reflejadas en lo físico como animales de poder.
En el primer ritual fue un perro el que se encargaba como por arte de magia de gruñir y asustar a todo el que se acercaba al lugar de la ceremonia. A nosotros, en cambio, nos saludaba y nos observaba tranquilo hasta que decidimos partir de aquel mágico enclave. Nos acompañó hasta la salida.
En Moray fueron las hormigas voladoras las que se manifestaron mientras 11 guardianes del espacio sagrado nos observaban desde otra dimensión. Pude verlos al cerrar los ojos. Cada vez creo más en el poder de mi syneidesis, aunque aún me cuesta.
El primer día habíamos estado en el convento que se construyó sobre un templo sagrado del sol. Aún se sentía la energía de todos los que se iniciaron allí en otros tiempos.
Hablando de mi syneidesis, o lo que es lo mismo, del poder de la imaginación como una forma de atraer recuerdos que pueden ser integrados a esta realidad, recibí imágenes, como flashes, sobre vidas pasadas en estas tierras. No pude contener el llanto y la emoción. Me vi como a un dios que llegaba en naves espaciales de luz desde las estrellas. Como un rubio pleyadiano acompañado de muchos otros que llegamos a velar e instruir a los hombres en su evolución. Recordé como construimos pirámides y muros a través del canto y la vibración, hasta que la materia se ablandaba con el calor que generábamos en círculos o alineados. La piedra blanda se encajaba de forma telepática hasta que se enfriaba, y es por eso que parecen tener una parte redondeada, como cuando cueces un pastel o pan en el horno y luego se enfría. Los recuerdos eran claros. Recordé también la frustración al no poder transmitir desde dentro el verdadero conocimiento a aquellos hombres y mujeres sobrevivientes del diluvio. Por eso decidimos encarnar de nuevo en seres humanos de la Tierra. Me vi como sacerdote, para mediar entre mundos. Me vi luego como guerrero y como campesino. Comporendí que deseé pasar por todos los estados.
Paseábamos más tarde por el mercado de Cusco y se me saltaban las lágrimas al ver los rostros de aquella gente. Todo lo que me contaban sus miradas.
El miércoles la vida nos atrajo a un par de mujeres mágicas, nativas, descendientes de los incas. Una de ellas nos abrió las puertas a todo lo que necesitáramos. La otra, Doris "la gringa" nos leyó a cada uno las hojas de coca. Los antiguos incas no hacían nada importante sin leer antes las hojas de coca, una planta sagrada como el yague. Es una mujer de mirada profunda. Lo que dijo a cada uno es privado, pero se removieron muchas cosas.
El viernes salimos en dirección al Machu Pichu, pero no llegaremos hasta el lunes. Hacemos varias paradas antes de llegar a Aguas Calientes. Los Maestros guían a Ariadna y al grupo mientras mis visiones sobre una civilización que vive bajo el Titi Caca se acrecientan. Se que allí está lo que vine a hacer, por encima de todo lo demás, pero no está desvinculado de nada de lo que va ocurriendo. Puedo respirar la unión de cada instante. Sentir a los miembros del grupo y poder experimentar esta comunión con ellos es el verdadero regalo para mi corazón, que va a llegar más abierto que nunca al Titi Caca dentro de unas semanas.
Gracias Gerard por ser el guía, gracias Ferrán por ser un faro en momentos de niebla, Gracias Cio por ser la madre de Ariadna y haberla creado tan perfecta por dentro y por fuera, gracias Jaume por ser el hombre que me recuerda que puedo llorar, gracias Alexandra por atreverte a parar, gracias Montse por querer ser tu misma, gracias Ana por atreverte a sentir verguenza y a cantar, gracias Imma por decidirte a amar, gracias Luis Alberto por recordarme a ser un pilar, gracias Julia por estar sin estar, gracias Ariadna por existir y vivir en mi como yo vivo en ti.
Hay un idioma más allá de las palabras. Un idioma de sensaciones, de percepciones. Un idioma que conoce a la perfección el corazón y que solo puede entenderse al abrirlo para ser, sin más, uno mismo.
Gracias al grupo por permitirse ser sin juicios, por que cada uno de los maestros que lleváis dentro me recuerda que ante vosotros y ante el resto de los seres que formamos la humanidad, yo puedo ser y deseo ser más que nunca YO MISMO.

En unos días comparto más, para el que pueda sacar algo de esta experiencia para su crecimiento personal... desde toda mi humildad.

Francesca y Mome viajan solas desde hace semanas. La primera es chilena y se suma al grupo unos días. La segunda es una hermana del alma que está dando la vuelta al mundo durante todo un año en el que dejó todo lo que tenía. Ella también nos acompañará unos días. Gracias también a las dos por recordarme lo que es el verdadero valor.

Víctor Brossa

5 comentarios:

  1. Grande Peru, todo por descubrir......sus culturas, su artes, su arqueologia...sus ancestros.....
    en el Titicaca, la isla del Sol y la Luna, los Uros que viven en balsas flotantes....
    Saludos a Ariadna, que de seguro estará siendo guiada....
    Gracias por los comunicados, muy claros y profundos.......me encanta volver a vivir con Uds, lo que fue mi experiencia en esas tierras...
    saludos desde Olmué, Chile
    Gilda

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  2. Gracias Víctor por contar sobre este viaje en el que revivo y sigo recordando.
    Y también nuestras ceremonias en Moray, Saqsaywaman, Pisac y Machu Pichu.
    Mucha luz para ustedes. Somos Uno

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  3. Ja us he tornat a trobar! quina il.lusió! torno a estar amb vosaltres........un fort petó per cadascú i fins ara! Ció

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  4. buen viaje hermano !!! somos y aca estamos...

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  5. Como dice alicia, somos, estamos y seguiremos siendo!! En esa tierra sagrada y Mágica todo es posible!! Nosotros también como la Tribu Humana que somos seguimos reviviendo el viaje contigo, y a más de un mes de haber vuelto cada Un@ a nuestro pais, todavía no hemos aterrizado.....

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