martes, 27 de diciembre de 2011

Crónicas del Perú - 6° parte: Desierto de Arequipa y Cañón del Colca

Una vez en la ciudad de Arequipa, rentamos un transporte para visitar el desierto de Arequipa y llegar a la Cruz del Condor, en pleno cañón del Colca. Allí pudimos saborear en época de lluvias el cañón más grande del mundo y a los cóndores volando libres. Fue una aventura de un par de días, hasta que debido a las lluvias decidimos volver a la ciudad de Arequipa y permanecer allí hasta tomar nuestro autobús hacia Nazca.




Cuando ya habíamos disfrutado del vuelo del condor acordamos volver con el bus privado de una agencia. El conductor y el guía parecían simpáticos. Todo fue bien hasta que en una de las paradas y tras sortear niebla y lluvia, el conductor decidió cambiar su botella de agua por una de un extraño color blancuzco. No se lo que contenía pero empezó a acelerar y a soltar frases al aire en tono subido. El guía trataba de calmarlo mientras él se empeñaba en adelantar un camión en plena curva a toda velocidad. Parecía borracho y por los comentarios que solo los de la primera fila podíamos oir, parecía además estar un poco desequilibrado. Ariadna y yo decidimos empezar a mandar energía para que aquello se transformara. Curiosamente empezaron a aparecer camiones en caravana por el carril contrario que impedían cualquier maniopbra peligrosa hasta que el camión que teníamos delante tomó suficiente distancia. También de forma automática, el hombre empezó a calmarse y a aflojar el acelerador. Llegamos sanos y salvos. Nadie en el autobús se enteró de nada, pero por la cara del guía, la cosa podía haber sido seria. Solo Ariadna y yo eramos conscientes de lo que podría habernos sucedido. Bajábamos por aquellas curvas empapadas por la lluvia a toda velocidad, adelantando en línea continua a coches aparentemente mucho más veloces. Los comentarios del conductor no tenían desperdicio. Algunos de ellos eran: yo soy el más rápido, ya no me interesa la vida, y cosas así. Yo creo que nos libramos de una buena.
Una anécdota más. Los miembros del grup estábamos pasando por una fase de bajón. Todos estábamos cansados. Desde el episodio de la isla de la Luna y la despedida de Alexandra y Yulia, las chicas rusas del grupo, nos habíamos quedado en una especie de estado difícil de explicar. Por eso decidimos pasar dos días de tranquilidad en el casco antiguo de la ciudad de Arequipa. Pasear, atender nuestros e-mails, descansar y visitar el convento de Santa Catalina, un lugar lleno de fantasmas que nos recordaría, una vez más, que no existe nada separado del resto.
Amaneció el día con un sol radinte. Desayunamos y paseamos por las calles de la ciudad que pretendió crear un pasaporte que los diferenciara del resto de peruanos. Parece que lo de los nacionalismos es algo universal. Antes de comer hicimos una meditación conjunta en la que sentimos que el descanso de la noche nos había devuelto el ánimo inicial del viaje. Comimos, nos enraizmos y nos dirigios al convento. El lugar era inmenso. Al menos dos manzanas grandes llenas de espacios y jardines con calles y rincones donde enseguida sentimos la presencia de muchas cosas que ya no están en este mundo. La guía nos comentó que a veces se habían oido voces en algunas habitaciones. La sensibilidad de los miembros de grupo sintió enseguda la densidad de tantas presencias que aún permanecían allí. Al finalizar la visita nos quedamos un poco más y alrededor de un árbol abrimos una entrada de luz tras la que nos limpiamos bajo la lluvia. A veces los muertos no se quieren ir. Otras no saben como. Dejamos allí una luz para los que la necesitaran, desde nuestra humildad, desde la convicción en nuestro poder. El poder del ser humano.

Tras el portal en el Machupichu y el que abrimos en el Titicaca, esto era solo una anécdota, un paso más hacia el tercer portal que deberíamos abrir en Nazca. Nos esperaba una noche de autocar hasta allí. Once horas para descansar sobre ruedas. Llegaríamos el 30 de Diciembre por la mañana. Nuestra intención era rentar una avioneta para sobrevolar los misteriosos glifos de Nazca.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Crónicas del Perú - 5ª parte: Bolivia y la isla de la luna

Llegamos a Bolivia. La madre de Ariadna ya no estaba con nosotros. Desde su vuelta a Barcelona nos mandaba toda su energía como si aun estuviera allí. Podíamos sentirla en cada uno de nuestros corazones. Nuestro objetivo ahora era la isla de la luna, en medio del lago Titicaca. Por eso, tras pasar la frontera más extraña de mi vida, nos dirigimos a Copacabana con el objetivo de contratar una lancha que pudiera llevarnos al día siguiente a los 11 hasta la isla cuya leyenda dice que un día fuera una serpiente que decidió quedarse allí dormida. El trayecto duraba tres horas y allí podríamos conectar de forma más directa con la dama del lago, una de las guardianas de aquellas aguas canalizada por mi mujer. También Ariadna y yo teníamos algo pendiente. Tendríamos que hacer algo juntos y solos allí, a pie de playa, al margen del grupo. Era algo relacionado con la ciudad etérea que resplandecía bajo las aguas del lago. Alguien de aquel mundo deseaba hablarnos. Eran las señales que ya estabamos recibiendo desde hacía días. Sabíamos que debíamos ir allí. La causalidad nos dejaría solos durante dos horas mágicas llenas de intensa quietud.
Amaneció soleado en Copacabana. Nos levantamos pronto y fuimos a la oficina de una coperativa que se dedica aparentemente a ayudar a mantener las tradiciones, ofreciendo al turismo la posibilidad de compartir con los lugareños sus tradiciones y forma de vida. Todo pintaba muy bien. Nos proporcionaban el transporte hasta la isla de la luna y nos alojaban allí dos días con comida del lugar, habitaciones con baño y todo tipo de atenciones. No era caro y nos pareció una buena forma de ayudarnos mutuamente. Debí olerme algo de lo que iba a ocurrir cuando me di cuenta que uno de los patrocinadores era la petrolera Repsol. De hecho fue Jaume, el mallorquín del grupo, el que me lo señaló. No hice caso de mi nariz y pagamos por anticipado aquellos servicios. Aquel hombre, Wilmer, era tan amable que incluso contratamos con él los pasajes del autocar que nos llevaría en unos días a Arequipa, la segunda ciudad más importante de Perú. Se lo pagamos todo de una vez y nos recogieron en el embarcadero, dirección a la isla de la feminidad y la emoción. Allí eran preparadas las mujeres en la antiguedad, en tiempos del inca, para se dignas de los mejores hombres . Eso al menos nos contaron. Ibamos a devolver el poder a la mujer y a limpiar toda aquella carga sobre lo femenino, además de muchas otras cosas.
Nos dirigíamos a un bello lugar donde la electricidad aún no había podido ser reconocida como necesaria. Una isla llena de hombres y mujeres de inocendia extrema donde el engaño y la manipulación teñía de negro lo más puro y limpio de aquellas gentes sencillas.
Seguramente todo el dinero que invertía Repsol se iba en la gran publicidad, folletos y página Web que desplegaban esta gente, porque al llegar no pudimos ver nada de lo que prometían al visitante. La verdad es que, ya el barquito precioso que nos vendieron a través de una fotografía para llevarnos, resultó ser una lancha vieja de pescadores donde tuvimos que apretarnos mucho para poder entrar con nuestras mochilas.
Tras tres horas de trayecto no había nadie de la coperativa esperándonos en la isla. No existía coordinación alguna y fue el pobre barquero, un cabeza de turco de aquella falta de organización, el que buscó a unas señoras que tomaron nota de lo que ibamos a comer y luego nos acompañaron con una sonrisa a unas chozas que distaban muho de las comodas habitaciones con baño que Wilmer nos había prometido. Preguntamos por el WC. No había. Estaban en construcción. Nos dijeron que lo hicieramos por ahí y que para lavarnos usáramos el agua del lago. No nos hubiera importado si lo hubieramos elegido, pero aquello era un engaño en toda regla. Los folletos hablaban de otra cosa e incluso mostraban fotos. Nos miramos unos a otros y como el lugar era tan bello, decidimos conformarnos entendiendo que así era como vivían aquellos nativos de enorme sonrisa.
Ariadna y yo dejamos nuestras cosas encima del colchón que había en el suelo y que representaba nuestra cama y nos fuimos a una playa al otro lado de la isla, donde no había nadie. El sol pareció llevarse el frío y nos desnudamos para realizar nuestro ritual juntos. Nos sumergimos en las aguas del Titicaca y obtuvimos el contacto que esperábamos. Lo que recibimos es algo privado, solo para nosotros. Disculpen que no lo comparta.
Tras las dos horas en aquella playa dorada por el sol y perfumada por la fragancia de los numerosos eucaliptos que decoraban los bordes de la isla, nos vestimos y nos dirigimos al lugar donde nos iban a dar la comida. Allí habíamos quedado con el grupo. De golpe se nubló y empezó a llover. Corrimos a refugiarnos pero nos percatamos que no había lugar para guarecerse. El supuesto restaurante no existía. Era una minúscula habitación que hacía de cocina y unos troncos en el exterior que servían de sillas y mesas. Nos sacaron los platos bajo la fuerte lluvia. Tratamos de comer el arroz que se fue convirtiendo en sopa debido a la misma lluvia de la que no nos podíamos esconder. Ese fue nuestro tope. En la cooperativa nos vendieron lugares donde guarecerse y comer en grupo. Todo mentiras. La culpa no era de la pobre gente que trataba de atendernos. Eso ocurre en la inocencia del tercer mundo. Alguien siempre se aprovecha de ella. Decidimos plantarnos y exigimos que nos llevaran de regreso a Copacabana.



No había manera. Estábamos atrapados. Nadie nos quería llevar de vuelta. Amenazaban más lluvias y no encontrábamos a ningún responsable de la cooperativa. Nadie parecía conocer a Wilmer. Estábamos atrapados en la isla de la luna donde tantas mujeres fueran mancilladas y usadas como ganado en el pasado. Correspondía a las mujeres dar el gran paso. Ariadna e Imma se fueron a buscar al responsable al otro lado de la isla mientras el resto guardábamos las mochilas. Ante el cabreo que desplegamos, epezaron a reconocernos los nativos de la isla que las habitaciones con baño y el restaurante estaban al otro lado de la isla y eran ocupados por otras gentes. Eso fue después de asegurarnos durante un buen rato que no había baños en ninguna parte de la isla. Eran constantes las contradicciones que nos iban encendiendo. Ariadna e Imma llegaron al rato. Tras duras negociaciones convencieron al responsable de la cooperativa para que alguien nos llevara de vuelta. Necesitábamos afrontar con Wilmer lo ocurrido para reclamar lo antes posible nuestro dinero y anular de paso los billetes de autobús hacia Arequipa. No nos fiábamos de él. El barquero no quería llevarnos a pesar de la orden de su superior, que no deseaba tener problemas con los jóvenes periodistas que habíamos acreditado ser.
El barquero tenía miedo por el temporal y la proximidad de la noche. Solo había aceptado porque el responsable de la cooperativa, su superior, se lo había ordenado además de prometerle todo el dinero de nuestro pasaje de ida y vuelta.
Empezamos a cargar las mochilas en la lancha de madera mientras el barquero nos trataba de convencer de lo peligroso del viaje. Por suerte iba con nosotros Jaume, un hombre de mar, capaz de leer si es o no es conveniente navegar en cualquier tipo de aguas. Le preguntamos como lo veía y nos dijo que no había peligro en realidad. Nos tranquilizó bastante y decidimos seguir adelante a pesar de la tensión con el barquero y el miedo al temporal que se aproximaba. Fueron tres horas muy largas de lucha psicológica con aquel hombre que nos llevaba. La tristeza de abandonar la isla forzados por las circunstancias, unido a la energía usada para no ceder al miedo y al chantaje desplegados por el barquero nos fueron desgastando. El grupo empezó a tambalearse y a discutir sobre lo que era mejor para nosotros. Ariadna pidió unidad y valentía y todos repondimos. Decidimos calmarnos, tomarnos de las manos y seguir navegando hacia la podeosa tormenta ante las cara de enfado del barquero y sus advertenias de lo que podía ocurrir. Acabamos cantando y riendo y la tormenta fue retirándose a medida que nuetra unión se consolidaba. Llegamos sanos y salvos a puerto.
Solo pisar tierra, acordamos ir sin perder tiempo a la oficina de Wilmer para reclamar lo que era nuestro. El barqueo nos siguió para cobrar lo suyo, es decir, el dinero que íbamos a reclamar. Fue surrealista llegar allí y observar como Wilmer se excusaba mientras, sin perder los papeles o desencadenar violencia alguna, uno a uno los miebros del grupo expresaban su malestar ante lo que se presentaba como un engaño, una estafa e toda regla. Seguamente no era habitual que la gente se quejara desde allí. Adaptarse era lo sencillo. Callar y conformarse era lo que alimentaba que aquella gente siguiera haciendo el sinvergüenza. Era evidente que aquel proyecto patrocinado por Repsol servía para usar a los nativos en beneficio de unos cuantos que no parecían estar por la labor.
Allí estábamos, en aquella pequeña oficina a pié de calle. El barquero pedía su dineo. Nosotros exigíamos el nuestro. Wilmer decía que no tenía nada. Fueron varias horas de presión psicológca donde el grupo se apoyaba y no mostraba fisura alguna. Cada vez que el hábil Wilmer trataba de sacar balones fuera, uno de nosotros lo devolvía al campo de batalla. Al final, Alberto Canet-Muga, nuestro tenor, como si cantara una ópera, usó su contundente voz para dejar claro al pasivo agresor de guante blanco que no nos moveríamos de allí si no recuperábamos nuestro dinero. Así fue y poco a poco fue soltandonos billetes hasta que al finalizar el día logramos recuperar todo lo que habíamos invertido. Fue agotador pero muy enriquecedor a la vez. Nos dimos cuenta del poder de la unión desde la contundencia pacífica, desde el no ceder a la injusticia por mucho que uno se agote. Lo fáci hubiera sido negociar. Me acordé de las amenazas del anciano nativo en la pueta de Amaru Muru. Esta era una nueva oportunidad para no ceder a la amenaza, al abuso. Lo importante es que lo logramos.
Fue triste ver acercarse al barquero al despuntar la noche, pidiendonos el dinero que ni Wilmer ni el responsable de la cooerativa le querían pagar por su tabajo. Fue tentador invitarlo a cenar y darle algo, pero asumir responsabilidades de otros no es ser caritativo. El también debía aprender algo. Había jugado su juego y nos había engañado, nos había metido el miedo durante el vaje y ahora recibía la consecuencia de no ser honesto. No queriamos hacer juicios pero cuando le hablamos de que avisara a la policía, simlemente desapareció.
Fue un duro día. La decepción por la frustración de no haber podido estar en la isla de la luna un par de días se unió al subidón por haber logrado todo aquello desde la unión al corazón. Decidimos regalarnos una noche en un hotel confortable con agua caliente e ir a cenar a un buen restaurante. Al día siguiente despediríamos a dos miembros más del grupo y seguiríamos nueve. La tercera fase del viaje nos llevaria a Arequipa y más tarde a Nazca para terminar en Lima.
Por la noche, en la ama de aquel hotelito junto al lago no podía evitar pensar el el barquero o incluso en Wilmer. Ariadna me propuso cerrar los ojos y mandarles luz. Así lo hicimos hasta que el cansancio nos durmió, abrazados e uno al otro. Lo último que nos dijimos fue un TE AMO.

Crónicas del Perú - 4ª parte: El Lago Titicaca y la puerta de Aramu Muru

Llegamos al Titicaca, el lago más alto del mundo. Un lugar lleno de leyendas y misterios, cargado con toda la energía de la kundalimi del Planeta Tierra. Nos dirigíamos a Bolivia, pero muy cerca de la frontera teníamos una parada obligada: La mítica puerta de Aramu Muru, junto al denominado "Bosque de piedra" del pueblo de Juli.
La puerta de Aramu Muru es un portal hacia otras realidades. Dicen que desde allí, uno puede viajar a la ciudad etérea que brilla debajo del Lago Titicaca. Son leyendas, pero yo la ví. No se si haya más, pero cuando puse mi cabeza junto a la entrada de roca vi, por el ojo de mi mente y como flashes que se sucedían, una serie de enormes pasadizos iluminados, algunos con escaleras de piedra, que me llevaban a un mundo interno donde también lucía el sol, otro sol. Recuerdo que pude distinguir al salir de los túneles que había grandes prados y bosques allí. Entre lagos y ríos, al fondo y de forma muy difuminada, pude distinguir parte de la ciudad blanca. Lo curioso es que cuando intenté contactar con ellos pude ver ante mí siluetas de luz, pero fui incapaz de distinguir sus rostros. Serntí que ante aquella mágica puerta, no solo yo sino todo el grupo, recibíamos chorros de información a otros niveles. Algo dificil de explicar.
Ya una hora antes, una vez habíamos dejado Puno y llegando con el coche, recibí algun mensaje. Alguna señal de carácter privado que me indicaba que la fama de aquel lugar no era solo fruto de leyendas populares.


Cuentan que Aramu Muru era un Lemuriano que llegó al lago más alto del planeta y escondió tras la puerta un disco solar de oro y una biblioteca entera de conocimiento. Cuentan los lugareños de numerosas y misteriosas apariciones de seres luminosos por las noches, o el caso de algunas personas que han llegado a abrir físicamente la puerta con rituales y han entrado para desaparecer. Dicen que alguno llegó incluso a volver cargado de riquezas. El caso es que la puerta es en realidad un portal que a la vez funciona como oráculo. Puedes preguntar lo que quieras y te será respondido si estás en tu centro cuando lo haces. Solo hay que ponerse en frente de la puerta y arrodillarse mientras se apoya la frente encima del agujero que marca la zona del tercer ojo.
Lo que más cuentan los lugareños del portal, es que la puerta solo se abre ante las personas correctas, caminantes que fueron invitados a su acceso espiritual o incluso físico si es el caso. Dicen que la puerta entrega su conocimiento especialmente anunciando una gran tormenta y en los equinoccios o los solsticios. Curiosamente el día antes en Puno, a orillas del Titicaca, habíamos realizado nuestro ritual mientras los rayos de aquella poderosa tormenta parecían descargar su furia en el horizonte, chocando contra el lago. Al día siguiente tomamos la furgoneta hasta la puerta. Era el equinoccio de invierno. No existen las coincidencias y lo sabíamos. Por eso llegamos preparados para cualquier cosa. El grupo meditó antes de entrar en Tierra Sagrada y luego nos dirigimos en fila hacia la puerta. Había dos mujeres haciendo un ruitual. Respetamos la situación y decidimos esperar a que terminaran haciendo un círculo delante de la puerta. Ariadna guió la meditación y yo empecé a recibir las primeras imágenes con los ojos cerrados. Algo me invitaba a entrar. Vi los túneles y los bosques y prados que había más allá. Era evidente que la Tierra no es como nos la han contado. Si uno abre un poco la mente se da cuenta que si hubiera un núcleo incandescente en el interior del planeta como nos cuentan en la escuela, no podría haber vida sobre su superficie. La tierra está hueca y tiene un pequeño sol en su interior que alimenta otro mundo que nosotros desconocemos. Un mundo paralelo lleno de civilizaciones, muchas de ellas herederas de Lemuria o la Atlántida, y otras más antiguas. Para más información les invito a investigar en internmet sobre la TIERRA HUECA y las teorías fuertemente fundamentadas que hay sobre el tema. El físico Nassim Haramein también deduce en sus teorías que todos los planetas son huecos en su interior. Lo curioso es que, si observamos las fotos que nos muestran desde la NASA, veremos que los polos de la Tierra siempre parecen tapados por nubes. Algunas de ellas muy descaradas, como si alguien hubiera puesto un pegote con fotoshop para que no pudiéramos ver que hay allí. Nadie puede volar por encima de los polos de la Tierra porque está prohibido. Muy extraño todo esto. Muy raro que los militares tengan tomadas esas zonas. Alguna foto se le escapó recientemente a la NASA, en la que se ve que los planetas tienen aberturas en sus polos. Les invito seriamente a que investiguen y abran su mente.
Al terminar nuestra experiencia habían pasado más de dos horas. Nos dirigimos al coche de alquiler. El conductor dormía. Era una furgoneta grande con doce asientos. Todos estábamos aún, cada uno desde su propia experiencia, saboreando las riquezas recibidas, aunque fueran a niveles sutiles, cuando aparecieron unas mujeres indígenas que nos podieron dinero por haber estado allí. Nos exigían pagar una suma bastante elevada en concepto de ticket de entrada. No había carteles, ni taquillas. Sabíamos que allí no había que pagar por entrar porque nos lo habían dicho algunos amigos que conocían el enclave. Por eso nos salió negarnos ante tal estafa y se desencadenó la gran tormenta. LAs mujeres se indignaron y fueron corriendo a avisar a un hombre que llegó amenazando. Les dijimos que llamaríamos a la policía para ver si lo que decían sobre la obligación de pagar entrada era cierto. Ellos dijeron que no reconocían la ley oficial y que ellos mandaban allí. El conflicto era una prueba que nos devolvía al mundo de la "matrix" para enfrentarnos con lo más denso.
No se trataba de dinero sino más bien de principios. No podíamos ceder a una extorsión. No se nos pedía una voluntad ni se nos había informado de la existencia de ninguna entrada hasta el mismo momento de salir de allí. Nos plantamos y el hombre empezó a subir el tono de sus amenazas hasta que logramos convencerle de dar una voluntad, pero dejando claro que lo hacíamos porque queríamos y que si seguía amenazando no ibamos a dar nada porque aquello era un engaño. Algunos del grupo no estubieron de acuerdo en dar nada, porque consideraron que aquello era ceder ante una amenaza. Otros decidimos dar una mínima voluntad para que aquel hombre se quedara tranquilo. Soy un negociador experto en evitar conflictos. Me di cuenta unos minutos más tarde que tenía aun mucho que aprender, porque en realidad me arrepentí de dar aquel donativo simbóloco. Me arrepentí porque no lo hice de corazón. Lo habría hecho sin la amenaza y de hecho, ya era algo que me estaba rondando por la cabeza antes de que nos extorsionaran aquellos nativos. Me había fijado en aquellas mujeres de edad avanzada y había pensado en darles algo a la salida para ayudarlas. Al final di aquel dinero, que para mí no significaba nada, pero lo hice para evitar el conflicto. Para evitar que aquel hombre avisara al resto de su grupo y se desencadenara una guerra abierta. Me di cuenta que muchas veces cedemos ante lo imposible de cumplir los ideales porque el que tenemos delante no accede y creemos que si seguimos siendo fieles a lo que sentimos desencadenaremos una lucha. No tiene por que ser así. Fue una gran lección que serviría para más adelante, en la isla de la Luna, cuando un conflicto aún mayor pondría a prueba la unidad del grupo. Pero eso sería unos días después, en Bolivia. Por ahora, eso fue lo que ocurrió antes de cruzar la frontera.

Víctor Brossa

martes, 20 de diciembre de 2011

Crónicas del Perú - 3° parte : Apertura del primer portal

El Lunes 19 madrugamos para tomar el autobús que nos subiría al Machupichu. Eran las 4:00 de la madrugada y ya estábamos en marcha. Fuimos los primeros en llegar. La niebla teñía de misterio el enclave. El sol filtraba sus primeros rallos entre las montañas mientras Ariadna nos proponía una meditación conjunta con posterior peregrinación silenciosa en forma de serpiente hacia la entrada del monte Waynapichu.
Atravesamos el recinto pasando entre las ruinas, admirando toda aquella majestuosidad todavía vírgen de la presencia de turistas.
Al llegar a los pies de la pequeña montaña sagrada, esperamos en silencio hasta que pudimos empezar la ascensión. Unas dos a tres horas subiendo enormes peldaños. Yo caminaba con Ció, la madre de mi mujer y la suegra más perfecta que un hombre pudiera soñar. Todo iba bien hasta que empecé a sentir la falta de aire y la aceleración de mi corazón. Yo no había dicho nada a nadie sobre mi miedo a las alturas. Lo creía superado pero empecé a sentirlo y a vivirlo como cuando era un niño. Apreté los puños y decidí seguir. Si aquella mujer de casi setenta primaveras era capaz de subir con una sonrisa de oreja a oreja, yo no iba a ser menos. Traspasé pués el umbral del miedo inicial y subí hasta que llegué a la cima, a la primera de las terrazas. Era un mirador con una vista preciosa, como si estuvieramos en el Monte Olimpo, entre las nubes. Admiré la vista unos instantes mientras el grupo iba llegando y fue entonces cuando se aceleró de nuevo mi corazón. Me senté sobre una piedra al darme cuenta que volvía de nuevo al estado de niño, en aquellos tiempos en los que el pánico a la vida me sacaban del cuerpo. Empecé a temer no ser capaz de bajar cuando el tacto de mis manos iba desapareciendo. Mi temos más grande no era ser un flojo, sino que los demás lo vieran. Me di cuenta y no quise esconderme. Preferí ser valiente desde la debilidad y sin descomponerme comuniqué al grupo que sufría una crisis de pánico que trataba de controlar a través de la respiración. Ariadna abrazó mi mano. Fueron cinco minutos interminables hasta que me atreví a bajar por mí mismo. Ariadna insistió en acompañarme. Yo sabía que a partir del tercer peldaño se me pasaría todo. Era como si hubiera llegado a mi tope. Bajé sin dificultad y de frente. Ya no sentía miedo. No era la altura realmente sino algo más y mientras descendía feliz llegaron a mi mente imágenes de aquel lugar en otro tiempo. Yo había estado allí. Le dije a Ariadna que subiera de nuevo, que yo podía bajar solo y que todo había pasado. Era como si hubiera conectado por un instante con mis miedos más profundos, esos que anidan en lo más profundo de cada uno de nosotros.
Una vez abajo, esperamos al resto del grupo y abrimos el primer portal. A esas horas ya estábamos rodeados de gente pero nadie parecía percibir nuestra presencia. Las sensaciones fueron muy fuertes y se produjeron varias catarsis en algunos miembros del grupo. Hubo recuerdos de otras vidas y con los ojos cerrados pude ver en mi mente, lo crean o no, un espiral de almas antiguas ascendiendo ante nosotros hacia la luz que el portal había abierto. Deseo creer en el poder de mi syneidesis y pensar que todo aquello que me llega es real. Ariadna también los vió. Así estamos de loquitos.
Después, los hombres admitieron haber conectado en algún momento de la ascensión con alguno de sus miedos. No me sentí tan solo. Me dicuenta una vez más que ser hombre y ser humano es admitirte desde todo lo que eres. Los hombres también tenemos miedo. Ser hombre ha sido tan dificil como ser mujer en esta Tierra. El machismo nos ha destrozado tanto a mujeres como a hombres y es labor conjunta enterrar la lucha de sexos y empezar a caminar desde el respeto y la admiración mútua. Por eso Ariadna pidió que las mujeres del grupo envolvieran a los hombres en un círculo mientras se arrodillaba ante nosotros para dignificar al hombre, al hombre sensible pero sin dejar de ser hombre. Luego les tocó a las mujeres. Fue una bella ceremonia.
Dejamos el Machupichu con la sensación de haber cumplido un sueño. Volvimos a Aguas Calientes para tomar el tren de nuevo hacia Ollantaytambo, donde yo había enfermado hacía unos días. Allí tomamos un bus hasta Cusco para despedir a Ció y hacer alguna entrevista pendiente. La siguiente etapa nos esperaba en el Titicaca. Pasaríamos por Puno en dirección a la Puerta de Amaru Umuru, un portal lleno de leyendas. Después nos espereaba Bolivia. Cruzaríamos la frontera para llegar a Copacabana y tomar un barquito hasta las islas de la luna y el sol. Pero eso lo cuento cuando pueda, más adelante. Un abrazo a todos.

Entrevista a Victor Brossa en la Web de la Hermandad Blanca

Acaba de publicarse en la conocida Web de la Hermandad Blanca una entrevista que han hecho recientemente a Victor Brossa sobre arte y conciencia.
Para leerla ir a:

VICTOR BROSSA: EL ARTE COMO CAMINO INICIATICO


domingo, 18 de diciembre de 2011

Crónicas del Perú - 2ª parte: Dirección a Machu Pichu

Ya en Aguas Calientes y desde una computadora sin apenas conexión, a punto de subir mañana Lunes al Machu Pichu y al Waynapichu, sigo para los que sientan interés, las crónicas de este viaje en grupo. No tengo posibilidad de añadir fotos, pero espero que sea suficiente con el relato de lo ocurrido.
Cuando dejamos Cusco, yo ya tenía fiebre. Se trataba de algo emocional. Tras la lectura de hojas de Coca con Doris supe muchas cosas sobre mi que debía asimilar. Todas ellas personales y algunas, de gran responsabilidad. Pasé el día y la noche durmiendo en el hostal de un pueblo de montaña precioso al pie de un antiguo templo. No recuerdo el nombre. Es demasiado seguido lo que vivimos, y muchas emociones se han movido. Hay detalles, como los nombres de muchos lugares, que se me escapan a momentos. Espero sepan disculparme.
La fiebre subía. Tuve visiones mientras tiritaba, en las que aquellos seres rubios que ya había visto en mis meditaciones y sueños, transformaban mi cuerpo de luz. ¿Imaginación? Que más da. El caso es que al día siguiente me levanté bien y sin gota de fiebre. Había pedido a Ariadna beber solo jugos de frutas naturales. Seguro que eso y su cariño unido al del grupo ayudó. Me mandaron mucha luz mientras se reunieron en lo alto del templo a media tarde, justo al borde del precipicio. Pude oir desde la habitación, como en sueños, la voz de Alberto Canet-Muga cantando. No eran imaginaciones mías. El poderoso tenor del grupo cantaba desde lo alto de la montaña y su voz podía oirse más allá del pueblo. Fue mágico saber que era él quien cantaba. Porque no tuve duda. Se trataba de un ejercicio de sanación que dirigía Ariadna, donde el resto del grupo acunaba el mágico canto de Alberto. Pude oir también, de forma más lejana, los mantras que todos ellos recitaban. Era como si mientras la fiebre me limpiaba, mi ser estuviera conectado al resto de ellos en lo que estuvieran haciendo.
Por la mañana partimos y la mujer del hostal nos dió hojas de coca enteras para que las ofreciéramos a los Apus, los dioses de la montaña. El lugar en el que habíamos dormido era un antiguo templo inca. Un lugar sagrado perfumado por el palo santo, lleno de cuarzos y acariciado por el paseo de dos simpáticos gatos. La dueña era aprendiz de chamán y había puesto un bello altar con ofrendas a la madre Tierra, la Pachamama. También muchos de nosotros compramos antes de partir una chacana para colgarnosla al cuello. Se trata de un símbolo inca muy antiguo y sagrado. El hombre que las vendía era un brujo, un hombre muy especial. No era solo un vendedor para turistas. Nos bendijo las piedras a cada uno. Pasaron muchas cosas a algunos de nosotros al colgárnoslas del cuello. Son mas recuerdos que se despertaron. Más recuerdos, ancestrales. Así funcionan las cosas cuando se viaja con el corazón abierto por Tierras Sagradas.
Al ascender a 4300 metros pedimos al conductor que se detuviera dispuestos a hacer el ritual. Hacía frío y aceptó a regañadientes parar unos minutos. Nos alejamos y ante el precipicio Ariadna empezó el ritual. Yo aún estaba tocado y me mareé. El frío era intenso y no íbamos demasiado abrigados. Además, llevaba 24 horas sin comer. Me retiré mientras los demás terminaban. Una de las chicas del grupo empezó a entrar en trance hasta que Ariadna la ayudó a arrancar lo que llevaba en lo más profundo de sí. Así son las cosas con mi mujer. Ella se conecta y sabe como mover la energía para que lo más oculto salga a la luz. Todos estamos tan abiertos que no es dificil que eso suceda. Hubo una limpieza general, porque lo que ocurre a uno del grupo afecta a los demás. Terminaron oyéndose llantos y gritos desde la furgoneta. No tomamos nada, se lo garantizo. Yo estaba tranquilo porque conozco a Ariadna y todos confiamos mucho en ella y en lo que es capaz de sostener. Muchos de los que viajan son terapeutas, gente que ha constelado, que ha estudiado gestalt, eneagrama, psicología. Gente abierta con experiencia en todo aquello que se relaciona con las terapias alternativas y chamanismo.
Fueron volviendo poco a poco para seguir viaje montaña abajo, hacia la selva. El conductor me miraba con cara de asustado. Yo lo tranquilicé. Le conté que hacíamos ofrendas a la Pachamama y que hacíamos trabajos energéticos que arrancaban recuerdos desde lo más profundo de nuestro ser. El se relajó un poco. Era día del agua y salieron las emociones más perdidas. El conductor esperaba desde hacía una hora y no estaba en sus planes detenerse tanto. Tenía prisa por bajar la montaña antes de que llegara la lluvia, con el peligro de desprendimientos incluido. Én Perú todo el mundo es muy permisivo cuando se trata de cosas de este tipo. Está lleno de chamanes, de gentes haciendo ofrendas a laTierra o a la Montaña. No les extraña que en medio de un templo te agarres de las manos y te pongas a cantar. Es alucinante. No me estraña que hayan decidido integrar la biodescodificación a la seguridad social. La doctora Gladis Oblites es una de las mujeres que deciden dentro de la medicina oficial en Cusco, y es la primera que conoce y apoya todo lo que en occidente aún no se admite. Ya hemos quedado con ella para hacerle una entrevista a nuestra vuelta a Cusco para Proyecto Syneidesis y seres fm, lo mismo que con la brujita Doris.
Una vez subimos todos al furgón, empezamos el descenso. Yo no pude contenerme más y empecé a llorar en silencio. Ya sabía que mi mareo en la ofrenda no era porque sí. Habían empezado a llegarme imágenes, recuerdos muy claros de Ariadna en otras vidas a mi lado. Algo demasiado personal para compartir, pero muy bello. Entendí entonces cual era nuestra labor juntos y la amé más que nunca, si es que es posible amar a alguien todavía más. Entonces la madre de mi mujer me vió. No pude esconderme de su mirada. Me tomó la mano. Era bello sentirla allí, en Perú, junto a su hija, viajando con mochila como una jovencita. Me dije una vez más: << Soy un maestro creador perfecto. He creado a la mujer perfecta y a la suegra perfectas. Mejor imposible>>.
Durante el viaje y mientras nos adentrábamos en la selva, me llegaban más imágenes sobre el nuevo libro que escribiría, una nobela para camuflar en ella mucha información que no podía dar abiertamente ahora. El libro se construyó en un momento a base de imágenes, recuerdos y mucha información que me bajaba como por arte de magia. Me pregunté que tendría que ver en esto el sueño con los seres rubios de la noche de la fiebre, los mismos que se aparecieron en mis meditaciones y sueños en Barcelona indicándome que me esperaban en el Titi caca. Recordé entonces que Doris me había advertido que los hermanos de las estrellas habían estado a punto de hablar conmigo a nivel físico, es decir, no en meditación o a través del sueño sino de forma integrada a esta realidad. Me llegó un pensamiento: ¿Y si en el Titi caca me esperaba ese encuentro?
Llegamos a la selva y atravesamos varias montañas hasta llegar al lugar en el que debíamos alojarnos. No había nada. Tras las lluvias había quedado sepultado. Nos aconsejaron una ecoaldea cercana y allí nos hospedaron. Acababan de irse los de la National Geographic. Pudimos ver desde las cabañas a un grupo de colibris bailando para nosotros. Solo vivir aquella imágen allí, en plena selva, ya fue un regalo. Fuimos a los baños termales naturales que había a pie de montaña y dormimos sin ventanas oyendo el río y el sonido de la selva confundido con el chumba chumba de una fiesta para los autóctonos que se daba rio abajo. Por la noche llovíó mucho y las goteras pasaron a través de mi mosquitera mojando mi ropa. No podía dormir, y debido al agua me levanté para cambiarme de sitio e ir a orinar. Cuando encendí la luz del baño había más de cien polillas y otros insectos voladores dentro de las letrinas. Fue toda una experiencia. Al salir del baño miré hacia el cielo y vi una luz, una estrella, que parecía parpadear para mí. Sonreí y pensé en los hermanos de allí arriba. Tal vez las goteras fueran una forma de hacer que me levantara. Quizá me estaban preparando.
Al día siguiente tomaríamos una combi para dirigirnos a la hidroeléctrica. Desde allí caminaríamos por la selva, siguiendo las vías del tren, hasta llegar a Aguas Calientes, al pié del Machu Pichu.
Esta mañana de domingo, a una hora de viaje y debido a las lluvias de la noche, nos hemos encontrado el camino cortado. Ahí estaba la policía y los ingenieros. Se había desprendido un pedazo de montaña. El camino estaba lleno de piedras y seguían desprendiéndose de vez en cuando. Hemos convencido a los agentes, por iniciativa de nuestro conductor, para pasar bajo nuestra cuenta y riesgo. Nos hemos encomendado a la montaña. Primero ha pasado el coche, por donde no parecía que hubiera hueco. Luego nos ha tocado a nosotros, de uno en uno mientras oíamos la voz de la ingeniera diciendo que miráramos siempre arriba y no hiciéramos ruido. Me ha tocado cerrar el grupo. Ha habido un momento en el que he pensado: << Como me caiga encima ese pedazo de piedra o vuelo o me aplasta>> He respirado profundo hasta que todos hemos pasado. Ha sido como una fiesta. Hemos bromeado todos con Ariadna, preguntandole cuanto había pagado a esos hombres para que derrumbaran la montaña dándonos la posibilidad de vivir esa experiencia sacada de una película de Indiana Jones.
Tras experimentar una vez más como se conduce aquí, ocupando el carril contrario hasta que aparezca otro veículo que lo impida, ya sea en recta, en curva o en paso peligroso, el conductor nos ha dejado en la hidroeléctrica. Ariadna nos ha pedido que caminemos las tres horas hasta Aguas Calientes en silencio, como una serpiente, uno detrás del otro, siempre sin perder al compañero que viaja delante o detrás. Es algo que estamos haciendo aquí con asiduidad para conectarnos como grupo mientras la naturaleza y la tierra nos envuelve.
Nos hemos adentrado en la selva caminando sobre la vía del tren. No es una selva profunda ni peligrosa. Hemos visto loros, extraños insectos, y un perro sagrado nos ha acompañado
todo el trayecto hasta Aguas Calientes. Yo había dormido una hora. La música y el río habían sido el pretexto. Era mi nobela y toda esa información que se repetía en mi mente mientras mi corazón latía. Eso era lo que no me permitió dormir. La emoción era demasiado grande.
Han sido las tres horas de caminata más especiales que recuerdo. Al llegar a Aguas Calientes he podido disponer de internet y escribo aprovechando un par de horas que tengo libres. No recuerdo los nombres de la mayoría de los lugares en los que hemos estado. No importa. El caso es que ahora vamos a dormir para levantarnos a las 4:00 de la madrugada y subir al Machu Pichu, donde nos espera la ascensión a la montaña sagrada del Waynapichu. Allí caminaremos descalzos y nos dejaremos sentir. Bendigo a esta Tierra Sagrada que nos acoje mientras llegan a mi mente imágenes mías aquí, de otras vidas. Todos en este grupo vivimos muchas veces en estas tierras y volvimos para recuperar la esencia y expandirla, cada uno a su manera, más allá de cualquier límite y lugar.
En unos días trataré de contar más cosas. Mañana, el Machu Pichu, un sueño de muchos de nosotros, nos espera. Bendiciones a todos.

Víctor Brossa

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Crónicas del Perú - 1ª parte: Contacto desde la humildad

Llegamos a Cusco tras hacer escala en Lima el lunes por la mañana. Justo unas horas antes, el país entero se estaba mobilizando a nivel político y social. Parece que llegamos en un momento de profundos cambios.






Ariadna empezó a canalizar y unimos nuestras manos
para sentirnos. Empezamos a darnos cuenta de lo importante que era conectarnos como tribu, pero no desde la anulación personal, sino tratando de ser todo lo posible nosotros mismos para regalar ese brillo al grupo.


El primer contacto con el mal de altura fue la señal que reforzaba nuestra intención de pisar esta Tierra Sagrada desde la más absoluta de las humildades.
Solo llegar a Lima, antes de tomar el avión hacia Cusco, salí a la calle y besé el suelo como hacen los Papas, que no es algo que hagan por casualidad o capricho. Saben mucho, los que tienen secuestrado el conocimiento sobre como funcionan las cosas en este mundo de auténtica Magia. Por eso, al aterrizar definitivamente en Cusco, todo el grupo que forma esta expedición de crecimiento interior pidió permiso a los ancestros y dimos las gracias a esta tierra por acogernos.
A pesar del cambio horario y la cantidad de horas que llevábamos sin dormir, teníamos muchas ganas de hacer cosas, de visitar lugares, de empaparnos de la esencia de estas tierras Incas... y nos encontramos de golpe con el mal de altura.
Ya veníamos con la lección aprendida, e incluso algunos de nosotros estábamos tomando homeopatía de coca, pero uno no es consciente de las cosas hasta que las vivencia, hasta que las experimenta. Solo al caminar por la ciudad nos dimos cuenta de hasta que punto nos faltaba el aire. Decidimos entonces poner el modo "tortuga", como dijo Ferrán, uno de los componentes del grupo. Nos dimos cuenta, forzados por las circunstancias, que no había prisa alguna, y sentimos que aquella impotencia física que nos hacía tan vulnerables era en realidad un regalo que nos enfrentaba a nuestra propia fragilidad. Nuestro propio cuerpo nos frenaba, como cuando uno se pone enfermo, para reencontrarnos con nuestro propio ritmo.
Nos ofrecieron una infusión de coca. Desde entonces no hemos dejado de tomarla para ayudar a nuestro cuerpo a aclimatarse a los más de 3400 metros de altura.
Llegamos once, pero eramos doce. Gerard, un fotógrafo bohemio y campechano que ya llevaba una semana explorando Cusco y sus alrededores nos esperaba para ponernos al día. Su piel estaba quemada por el sol pero su cara de felicidad fue uno de los primeros regalos que recibimos. Había enfrentado su miedo a viajar solo y estaba feliz. Se convirtió de forma natural y espontánea en el guía del grupo.
Los tres primeros días parecieron semanas, no por la cantidad de cosas que hicimos o el ritmo que mantuvimos, sino por la intensidad emocional que empezó a desplegarse en todos nosotros al ir abriendo el corazón los unos ante los otros. Las canalizaciones de Ariadna y la predisposición de cada uno de los guerreros hizo posible que empezáramos a sacarnos máscaras. El resultado fue bello miraras por donde miraras.
El grupo se fue acoplando como consecuencia de varias sesiones de meditación conjunta que hicimos en lugares de poder a los que nos llevó el destino y los Maestros, que susurraban cada noche al oído de Ariadna el destino del nuevo día.
Gerard se dejaba sentir y nos guiaba de forma magistral como un auténtico chamán. Los demás, desde la humildad, no competían. No era necesario. Todos daban el valor necesario a cada instante y a cada componente. Ariadna puso el resto, canalizando de corazón desde el alma de los miembros del grupo. Los doce nos dejamos remover venciendo el temor al juicio propio o al de los demás compañeros y compañeras que se reflejaban como espejos. Conectamos con nosotros mismos, con la Tierra, con el Sol y los elementos. Abrazamos nuestro corazón y tanto en Saqsaywaman como en Moray, fuimos custodiados por fuerzas sutiles reflejadas en lo físico como animales de poder.
En el primer ritual fue un perro el que se encargaba como por arte de magia de gruñir y asustar a todo el que se acercaba al lugar de la ceremonia. A nosotros, en cambio, nos saludaba y nos observaba tranquilo hasta que decidimos partir de aquel mágico enclave. Nos acompañó hasta la salida.
En Moray fueron las hormigas voladoras las que se manifestaron mientras 11 guardianes del espacio sagrado nos observaban desde otra dimensión. Pude verlos al cerrar los ojos. Cada vez creo más en el poder de mi syneidesis, aunque aún me cuesta.
El primer día habíamos estado en el convento que se construyó sobre un templo sagrado del sol. Aún se sentía la energía de todos los que se iniciaron allí en otros tiempos.
Hablando de mi syneidesis, o lo que es lo mismo, del poder de la imaginación como una forma de atraer recuerdos que pueden ser integrados a esta realidad, recibí imágenes, como flashes, sobre vidas pasadas en estas tierras. No pude contener el llanto y la emoción. Me vi como a un dios que llegaba en naves espaciales de luz desde las estrellas. Como un rubio pleyadiano acompañado de muchos otros que llegamos a velar e instruir a los hombres en su evolución. Recordé como construimos pirámides y muros a través del canto y la vibración, hasta que la materia se ablandaba con el calor que generábamos en círculos o alineados. La piedra blanda se encajaba de forma telepática hasta que se enfriaba, y es por eso que parecen tener una parte redondeada, como cuando cueces un pastel o pan en el horno y luego se enfría. Los recuerdos eran claros. Recordé también la frustración al no poder transmitir desde dentro el verdadero conocimiento a aquellos hombres y mujeres sobrevivientes del diluvio. Por eso decidimos encarnar de nuevo en seres humanos de la Tierra. Me vi como sacerdote, para mediar entre mundos. Me vi luego como guerrero y como campesino. Comporendí que deseé pasar por todos los estados.
Paseábamos más tarde por el mercado de Cusco y se me saltaban las lágrimas al ver los rostros de aquella gente. Todo lo que me contaban sus miradas.
El miércoles la vida nos atrajo a un par de mujeres mágicas, nativas, descendientes de los incas. Una de ellas nos abrió las puertas a todo lo que necesitáramos. La otra, Doris "la gringa" nos leyó a cada uno las hojas de coca. Los antiguos incas no hacían nada importante sin leer antes las hojas de coca, una planta sagrada como el yague. Es una mujer de mirada profunda. Lo que dijo a cada uno es privado, pero se removieron muchas cosas.
El viernes salimos en dirección al Machu Pichu, pero no llegaremos hasta el lunes. Hacemos varias paradas antes de llegar a Aguas Calientes. Los Maestros guían a Ariadna y al grupo mientras mis visiones sobre una civilización que vive bajo el Titi Caca se acrecientan. Se que allí está lo que vine a hacer, por encima de todo lo demás, pero no está desvinculado de nada de lo que va ocurriendo. Puedo respirar la unión de cada instante. Sentir a los miembros del grupo y poder experimentar esta comunión con ellos es el verdadero regalo para mi corazón, que va a llegar más abierto que nunca al Titi Caca dentro de unas semanas.
Gracias Gerard por ser el guía, gracias Ferrán por ser un faro en momentos de niebla, Gracias Cio por ser la madre de Ariadna y haberla creado tan perfecta por dentro y por fuera, gracias Jaume por ser el hombre que me recuerda que puedo llorar, gracias Alexandra por atreverte a parar, gracias Montse por querer ser tu misma, gracias Ana por atreverte a sentir verguenza y a cantar, gracias Imma por decidirte a amar, gracias Luis Alberto por recordarme a ser un pilar, gracias Julia por estar sin estar, gracias Ariadna por existir y vivir en mi como yo vivo en ti.
Hay un idioma más allá de las palabras. Un idioma de sensaciones, de percepciones. Un idioma que conoce a la perfección el corazón y que solo puede entenderse al abrirlo para ser, sin más, uno mismo.
Gracias al grupo por permitirse ser sin juicios, por que cada uno de los maestros que lleváis dentro me recuerda que ante vosotros y ante el resto de los seres que formamos la humanidad, yo puedo ser y deseo ser más que nunca YO MISMO.

En unos días comparto más, para el que pueda sacar algo de esta experiencia para su crecimiento personal... desde toda mi humildad.

Francesca y Mome viajan solas desde hace semanas. La primera es chilena y se suma al grupo unos días. La segunda es una hermana del alma que está dando la vuelta al mundo durante todo un año en el que dejó todo lo que tenía. Ella también nos acompañará unos días. Gracias también a las dos por recordarme lo que es el verdadero valor.

Víctor Brossa

sábado, 10 de diciembre de 2011

Víctor Brossa y Ariadna Bailo en Perú

Ha llegado la hora y este domingo volamos a Perú. Ariadna y yo vamos con un grupo de 12 seres que confian en nosotros para que los guiemos por las sendas de la activación y el recuerdo. Son hombres y mujeres con mucha andadura en lo personal, con procesos fuertes a sus espaldas. Se trata pués de un viaje iniciático en toda regla, donde nada está planificado, como le gusta a mi mujer. Yo voy a intentar ir escribiendo de vez en cuando por si a alguien le interesa la experiencia que estemos pasando, aunque solo lo haré si vale la pena contar algo que esencialmente aporte riqueza al que lo pueda estar leyendo. De momento la intención está ahí e intentaré compartir todo lo mágico que vivamos durante este reencuentro con tierras Peruanas.
Este viaje teníamos que hacerlo Ariadna y yo, porque los Maestros la mandaban allí durante este mes y yo evidentemente la acompaño gustoso. Fue entonces cuando fue sumándose gente de sus grupos de canalización que deseaban, como ya habían hecho un año antes en México, dejarse guiar por las canalizaciones de Ariadna en este nuevo viaje.
Yo desde el principio me ví en mis meditaciones como un guerrero lleno de sangre tras una dura batalla, apenas sin ropa y con una especie de machete en la mano descargando adrenalina. No se que viví en Perú hace unas cuantas vidas, pero no era agradable sentir tanto miedo y angustia, aunque en aquel recuerdo yo era el vencedor de alguna cruel batalla.
Tras no poder ver nada más respecto a lo que me atraía hacia Perú, vi al fin un mes antes de emprender este viaje, imágenes en sueños y en meditaciones grupales de una civilización de hombres y mujeres rubios que parecen habitar bajo las profundidades del Lago Titicaca. Recuerdo que también había muchos niños. Parecían radiantes. No se si son intraterrenos que viven físicamente allí abajo, en lo que sería una civilización en la Tierra hueca, o es en realidad un nivel etérico lo que estoy captando cuando tratan de comunicarse conmigo de forma telepática. Han sido tres veces. Me miran y sonrien. Hacen un gesto para que me acerque. Una vez más no se si mi imaginación me hace malas pasadas. Entonces recuerdo que lo que imaginamos es real y dejo de dudar de mi mismo.

Me hablan sin mover los labios pero no soy capaz de entenderlos todavía. Se que debo ir a encontrarme con ellos. Les gusta un símbolo que llevo grabado en mi medallón de orgonito. Un símbolo celta. He intentado establecer contacto pero algo no lo permite aún. Unas luces flotando en el aire parecen jugar a mi alrededor. Estoy tranquilo. He tenido contacto con otros seres, voy a empezar en Enero mi tercer libro narrando mis experiencias con lo invisible. Detrás de esta civilización de aspecto pleyadiano se esconde un secreto para mí. Tal vez al llegar a Cuzco empiece a soñar más intensamente en ellos, o a oirlos en mis meditaciones diarias. Quien sabe. Llevo un libro de biodescodificación que Enric Corbera me dió para una doctora de la Universidad de Cuzco. En perú la biodescodificación formará parte de la seguridad social. Bien por Enric. Es un genio.
Cualquier cosa interesante que nos pase en Perú trataré de compartirla. Igual al final solo nos lo pasamos bien y ya está. El cielo está en la Tierra, allí donde decidimos sentir con el corazón abierto.

Hoy Domingo 11 de diciembre emprendemos camino. Volamos a Perú, a una tierra sagrada en un día con número sagrado. Volveremos a mediados de Enero. Ruego no mandeis e-mails a galerialalinea.com o a mi dirección personal o facebook durante este tiempo. No se cuantas veces voy a poderme conectar a internet. Cuando vuelva y al margen de lo que narre aquí, activaré de nuevo los talleres de "Activando al Maestro Interior" tanto en Barcelona y Gerona como online vía Skype para el que lo desee. Se que hay mucha gente que me ha escrito ansiosa por empezar. Pido paciencia. Cada cosa tiene su tempo y la ansiedad no es buena consejera. Yo debía emprender este viaje. Guardo incluso algunas razones que ahora no puedo desvelar. A mi vuelta también saldrá mi segundo libro, el manual del taller "Activando al Maestro Interior"al completo para el que desee tenerlo o usarlo al margen de los talleres. Además, empezaremos a compartir canalizaciones de mi mujer Ariadna por internet, ya sea en este blog o en vídeo. Muchas cosas para el próximo año.
Por cierto, he empezado a canalizar un nuevo vídeo. Uno de esos que saco cada medio año. Desde Syneidesis que no me ha ocurrido algo similar. La información llega y se construye por sí misma. Nos vemos en el 2012 con muchas sorpresas. El mundo va bien. Que no os convenzan de lo contrario. Todo está donde queremos que esté. Si no nos gusta... podemos cambiarlo. Un abrazo.

Víctor Brossa

Víctor Brossa y Enric Corbera en un nuevo Proyecto Syneidesis

Esta vez, en colaboración con La Caja de Pandora y Radio Seres Fm, Víctor Brossa nos presenta en su Proyecto Syneidesis y dividido en dos programas, a Enric Corbera, responsable de hacer llegar a manos de todos el conocimiento y la aplicación práctica de la biodescodificación.
En la primera parte vemos el lado más humano de Enric, donde además de conocer lo que es la biodescodificación, conoceremos todo su proceso de vida hasta que llegó a convencer a los estamentos oficiales de Cuba y Perú para que integraran la biodescodificación a los mecanismos oficiales de salud.

En la segunda parte nos centramos más en profundizar en lo que es la biodescodificación para entender la importancia de una herramienta que no solo sirve para formar terapeutas sino también para que cada uno aprenda un poco más sobre sí mismo.
Enric no ha inventado nada. Toma de muchos lugares y su mérito real está en su propio ser y en su capacidad para integrar conocimientos diversos de una forma clara y sencilla regalándonos una perfecta síntesis de una forma de entender la sanación como complemento a cualquier otra disciplina.

VIDEOS PROYECTO SYNEIDESIS: Víctor Brossa y Enric Corbera en el centro A-SANA





¿Qué es la Biodescodificación?

El ser vivo tiene un cuerpo para expresar los programas de supervivencia y de adaptación a las novedades imprevistas del día a día. Este cuerpo posee en si todos los recursos para hallar el origen de la enfermedad, tratar la causa y el mantenimiento y prevenirla.
Enfermar es posible gracias a ciertos principios biológicos. El síntoma es la reacción de adaptación a un acontecimiento no finalizado que se fija en el tiempo. Podrá reproducirse lejos del trauma de partida por simple estimulación interna (pensamiento) o externa (ancla). El trauma va seguido de una amnesia post- traumática.

El síntoma se mantiene a lo largo del tiempo gracias a la creencia limitante causante o consecuencia del choque. En otras palabras, el problema no es la enfermedad sino aquello que la ha creado: ese acontecimiento tan chocante que hemos reprimido.


“La enfermedad del cuerpo es la traducción, por el cerebro, de un programa biológico de supervivencia vivido por la psique. “
“No es yendo hacia nuestra luz que seremos luminosos sino aceptando de sumergirnos en nuestra oscuridad”.


La descodificación biológica es una nueva aproximación a la salud desde un punto de vista práctico que se interesa, sin excepción, por todos los síntomas:

-
físicos: angina, cáncer, esclerosis en placas, diabetes, alergias, etc.
-
psíquicos: depresión, fobia, obsesiones, etc.

La descodificación biológica se apoya en la experiencia de numerosos investigadores y practicantes como por ejemplo:
Marc Fréchet, Groddeck y el Dr. Hamer, médico alemán, y otros autores han demostrado que las “enfermedades” no existen como tales sino que se trata de programas biológicos cargados de sentido. La enfermedad tiene pues un sentido; es un programa biológico de supervivencia para suprimir el estrés fruto de los conflictos que afectan a todo ser vivo.
La descodificación biológica es aprender a encontrar el conflicto (biochoque) y tratarlo; es aprender a descodificar numerosas enfermedades físicas.


Enric Corbera imparte cursos, talleres y seminarios.

Mas información sobre Enric Corbera y la Biodescodificación CLICK AQUÍ


Para los que estén interesados en ver más vídeos sobre biodescodificación y Enric Corbera, hacer CLICK AQUÍ

Enric Corbera es Director del Instituto Español de Biodescodificación que se ocupa de la enseñanza de esta nueva aproximación a la enfermedad en España, que incluye a parte de la teoría específica, una formación en técnicas terapéuticas como son la Programación NeuroLingüística (PNL), la Hipnosis Eriksoniana y la Sofrología.

Enric Corbera tiene su consulta privada individualizada y también trabaja con grupos terapéuticos. Asimismo, anima Talleres de Constelaciones Familiares, Seminarios de Curación Emocional e imparte la filosofía basada en la obra Un Curso de Milagros.

Más información en naturalenric.com


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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Víctor Brossa Charla con el músico David Bennu, creador de la canción EAGLE IN THE SKY en la presentación de su nuevo disco

El artista Víctor Brossa charla con el músico David Bennu, compositor y cantante de EAGLE IN THE SKY, la canción que inundó internet en los días del 15M. Víctor Brossa fue el creador del vídeo musical y de la portada del disco cuyo título lleva por nombre el de la conocida canción. Ahora David nos muestra su lado más humano y comparte su despertar de conciencia, ese que le llevó a la meditación y a la India para volver aceptando cumplir sus verdaderos sueños.

Comprometido a nivel social, David nos presenta su disco EAGLE IN THE SKY con la sencillez de un niño y la sabiduría de un sabio. Una charla entre amigos de conciencia para el que disfrute aprendiendo a recordar a través de lo que otros vivieron y sintieron.

EAGLE IN THE SKY es mucho más que un disco de conciencia. David, como muchos otros que han despertado, se ha cansado de luchar contra la MATRIX alimentando así el propio fuego que nos enfrenta a unos y a otros. Su disco es un ejemplo más de integración, de fusión. Un regalo para reprogramar el inconsciente con bellos mensajes desde la sencillez y sin temer usar el pop y la fusión de estilos para llegar a lo más profundo del ser.
Cada vez más genete despierta empieza a darse cuenta de lo importante que es no aislarse en lo alternativo para integrar su propio brillo a lo cotidiano usando las herramientas del propio programa que nos ha mantenido anclados. Somos caballos de Troya en la MATRIX. Somos el virus que desde dentro contagiará de luz a la oscuridad, desde donde abrazamos nuestra propia sombra para fundirnos con ella transmutándola de nuevo en luz pura. EAGLE IN THE SKY nos recuerda que somos libres para ser lo que nuestro potencial nos pide. Que no somos seres limitados, que la vida es alegría, que podemos integrar a la realidad cada uno de nuestros sueños. Que cada uno de nosotros somos libres, como un AGUILA EN EL CIELO.

NOTA DEL EQUIPO DE GALERÍA LA LINEA:
La portada del disco "Eagle in the sky" fue realizada por el artista Víctor Brossa"

Mas información sobre el disco EAGLE IN THE SKY: www.davidbennu.com

Otra información referente a DAVID BENNU y el disco "Eagle in the sky"


A continuación, la entrevista de Victor Brossa a David Bennu en el PROYECTO SYNEIDESIS :




sábado, 3 de diciembre de 2011

Víctor Brossa y Arel (Joan) de La caja de Pandora en una nueva entrevista de Proyecto Syneidesis

Victor Brossa entrevista a Arel, miembro de la Caja de Pandora y promotor de vídeos para la conciencia. Arel se llama oficialmente Joan, pero tras una canalización recibió su nuevo nombre que decidió emplear para vivir una doble vida. Una desde su acecho en la MATRIX y otro para construir el Nuevo Mundo que su corazón siempre deseó vivir.
Una vez más desde Proyecto Syneidesis, el artista Víctor Brossa, adoptando el rol de entrevistador, nos ofrece la posibilidad de vernos reflejados en otro caso relacionado con el despertar de conciencia. Joan sufrió su vida hasta que empezó a recordar que vino a este mundo para recordar desde su propio avatar.