lunes, 16 de julio de 2012

EL ARTE-SANO: La influencia del ARTE en nuestras vidas


Este reportaje se publicó hace un tiempo en la revista LQF. Hoy lo rescatamos para los que estén interesados en saber algo más sobre el ARTE desde otro punto de vista tal vez más abierto y profundo.

EL ARTE-SANO 
por Víctor Brossa

Una mujer que trabajó cinco años en una galería de arte contemporáneo muy importante de Berlín, me comentaba que durante algunas temporadas y de forma inexplicable, había sufrido estados depresivos intermitentes fuera de lo común. Un día se dio cuenta que esos estados coincidían en el tiempo con exposiciones de carácter muy oscuro que ellos presentaron. He de puntualizar que se trata de alguien muy racional, reacia a creer en lo que la mente no pueda explicar, cosa que lejos de desacreditar su testimonio le da una mayor credibilidad a la experiencia que me compartió.

Se percató por ejemplo que en el período de máxima depresión, tuvo que convivir ocho o diez horas al día con las obras de un pintor que se jactaba precisamente de pintar todo aquello que nacía de su parte más retorcida e infrahumana.

Lo curioso es que una vez clausurada la exposición, ella empezó a recuperarse de forma asombrosa, dándose cuenta de cómo afectaba el tipo de arte con el que convivía a su salud física y mental.

Salvo en el caso de honrosas excepciones, a nadie parece interesarle en el mundo del arte lo que de verdad  es saludable o no, sino mas bien el dinero que se gana o se ahorra en cada proyecto que se emprende o el efecto visual, intelectual o emocional que causará en el espectador, vanagloriándose algunos artistas de sacudir con sus creaciones nuestra salud mental y emocional.

En el caso por ejemplo de la arquitectura, parece existir un total desconocimiento entre muchos de  los que se hacen llamar arquitectos contemporáneos de los beneficios de la geometría sagrada aplicada. No es casual que cuando uno recurre al conocimiento antiguo, encuentra que chinos, griegos o egipcios por poner ejemplos significativos, entendieron que todo espacio, color y forma emiten vibraciones que programan poderosamente el entorno e influencian de una forma directa en la salud de los que conviven en él.

No se crean ni por un momento que la geometría sagrada de las pirámides de Egipto o América es fruto de una casualidad, como tampoco lo es el hecho de que todo el arte griego esté basado en la proporción dorada. No podemos olvidar tampoco a los constructores de catedrales, especialistas en crear espacios sagrados que buscaban la resonancia perfecta y que se asentaban siempre sobre puntos telúricos específicos,  favorables para la vida y el encuentro con uno mismo.

Cabe decir que el Feng shui de los chinos empieza a aplicarse cada vez con mas frecuencia hoy en día gracias a arquitectos de conciencia, pero la voz imperante en nuestro mundo moderno del que tantos se vanaglorian, parece estar mas interesada en atentar contra la vida y la salud que en ensalzarla. No me interesa si se trata de puro desconocimiento o de una maniobra orquestada desde lo más alto de la pirámide. Nosotros somos siempre los responsables de lo que ocurre a nuestro alrededor y nuestra amnesia e ignorancia no nos eximen de responsabilidad. Nuestro deber es despertar y recordarnos desde nuestro centro, donde contenemos todo el conocimiento, y proyectar esa coherencia afuera, en nuestro mundo. 

Deberíamos gritar cada vez que nos encontramos con enormes y modernos edificios llenos de ventanas que no se pueden abrir, desafiando las leyes de la vida con sus cien mil esquinas apuntando a todas partes mientras los aires acondicionados van jubilando poco a poco al aire fresco que nos brindaba chi a raudales, o el verde de árboles y plantas naturales es sustituido en plazas y antiguos parques por el gris del asfalto y el metal.

Hace poco leía que Michael Jordan, exjugador de baloncesto de la NBA, compraba una mesa de metal creada por no se que artista, una mesa de aluminio agujereada con 32,296 hoyos.
Dan Winter nos advertía en el V Congreso de Ciencia y Espíritu de Barcelona que si queríamos evitar que nuestra aura sangrara, retiráramos al menos de nuestra habitación de dormir y cocina, todo el metal que tuviéramos, especialmente el aluminio. La explicación es simple. El comprobó que nuestra aura es un campo electromagnético y la mayoría de metales la dañan creando graves efectos en nuestra salud física.

No me explico entonces de que sirven tantos avances tecnológicos si la mayoría de nuestros colchones están llenos de muelles de metal que nos roban la salud cada día, o tanta sofisticación que solo nos aparta de nuestra voz interior y nos envenena ya sea desde lo que respiramos, sentimos, comemos, bebemos o pensamos.
El arte de hoy en día, y me refiero al que se fomenta desde los intereses económicos, sociales, religiosos y políticos, parece más interesado en deprimirte y alimentar la decadencia que en acercarte a la vida, a la unión fractal  y al amor. Un arte que se concentra en la angustia del ser humano, en el dolor o la tragedia, en la soledad y la ausencia… o sobretodo, en la idiotez y la negación del ser.
Se habla del arte del cine, de los artistas de rock y pop, del arte de la cocina o el arte de la vida. En efecto todo es arte. El arte es la expresión del ser. Pero para saber en que punto está una sociedad solo tienes que observar su arte, la consecuencia de lo que siente, y nuestra sociedad y el arte que se refleja en ella, está enfermo.

En el universo todo lo que existe se expresa, de una forma o de otra, emitiendo vibración, frecuencias, sonido. Y esa música es la expresión de cada ser creando arte desde el estado de consciencia en el que se esté percibiendo. Se generará entonces una retroalimentación perfecta entre el ser que expresa y su propia obra, y se alimentarán uno del otro en un intercambio de energía que puede establecer una espiral ascendente o descendente. Así funciona también el ADN. Por Tanto, si el arte es enfermo, uno se enferma al respirarlo y eso le lleva a expresarse desde la enfermedad en una rueda sin fin de degradación y muerte. Por el contrario, si el arte es sano uno se sana y desde ese estado de salud mental, física y emocional expresa de nuevo un arte aún mas sano, mas lúcido en una espiral que nos va elevando o retornando al estado de amor incondicional primordial.

Sea como fuere, hoy en día deberíamos volver a lo natural y abogar por un arte para la consciencia, para la vida, para ensalzar nuestra soberanía y no para ayudar a destruirla. Crear arte que no enferme, arte sano. Todos creamos nuestra realidad juntos, desde lo que pensamos y sentimos. Todos somos pues responsables de sanar desde nuestra expresión, desde cada acto o pensamiento. Nuestro deber es conocer como afecta lo que expresamos. Ser responsables y soberanos de nuestros actos y pensamientos proyectados. Volver a ser ARTE-SANOS.

Víctor Brossa




1 comentario:

  1. Mantengamos o re-encontremos el equilibrio: arte-terapia, desde la cultura. Desde la Naturaleza, sin comentarios.

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