sábado, 25 de febrero de 2012

Descubriendo el tinglado que sustenta al arte moderno y contemporáneo

El arte moderno o contemporáneo, como prefieran los lectores, es un claro reflejo del lugar en el que está nuestra sociedad ahora mismo. Un arte que nutre de conceptos y límites nuestra creatividad, que estimula el intelecto olvidando al alma y que abraza la idea de libertad sin límites desde el terreno de "todo vale si lo apoya la crítica especializada, porque presupone al resto de los mortales como no capacitados, como ignorantes o faltos de criterio" a la hora de evaluar la valía de una obra de arte.
Es cierto que tal vez no todo el mundo tiene conocimientos técnicos o intelectuales para catalogar una obra de arte desde esos extremos, pero la sensibilidad es naturaleza propia del ser humano, por mucho que se nos quiera desnaturalizar y deshumanizar, y dese allí es precisamente desde donde debería valorarse inicialmente una obra de arte.
El arte de hoy en día y sobretodo, la tendencia o tendencias artísticas defendidas y promovidas por los poderes que dirigen el mundo económico, son ejemplos del intento de crear un arte elitista alejado de la comprensión de la mayoría. Un arte que construye tendencias y argumentos para justificar movimientos de dinero y elitismo preestablecido. No interesa generar libre pensamiento, pero si educar y programar para tener a la gente aborregada. Un ejemplo claro es la televisión y la información oficial que se maneja. Pan y circo, decían.
No me estoy metiendo con los artistas ni con su intención, sino con la tendencia a promover según qué valores y criterios. Me refiero a que si se subvencionan plantaciones de soja transgénica y no se subvenciona el cultivo ecológico, es comprensible que los agricultores acaben cediendo para poder sobrevivir y se pongan a cultivar soja transgénica. Así funcionan las cosas en el arte hoy. Si se demanda un tipo de arte y otro se pasa por alto o se infravalora, es normal que los jovenes se apunten al caballo ganador. Así vamos degenerando las cosas hasta perdernos en la negación de lo esencial.
Si se promoviera un arte que pudiera acercarnos a las emociones, entonces bastaría la sensibilidad y el alma del espectador para establecer un diálogo que acabaría con cualquier elitismo. El arte no es intelectual, es más bien espiritual y emocional, y de emociones, entendemos todos... sobretodo, si recordamos que no somos robots, que no somos un producto enlatado.

Me han pasado de una web un reportaje interesante al respecto que aquí os dejo. No conozco la fuente. También os recomiendo este otro: CLIC AQUÍ.

Leeed y sacad conclusiones, pero hacedlo jugando. No quisiera ofender a nadie.

Víctor Brossa


El hombre que pintó el cuadro más feo del mundo

¿Cuántas veces hemos inclinado la cabeza delante de un bodrio de cuadro colgado el las impolutas paredes de un museo? ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido del precio subastado de un lienzo amarillento e incomprensible que no sabemos ni orientar? No eres el primero. Hace varias décadas que alguien decidió tomarse la revancha. El profesor Paul Jordan-Smith, en 1924, quiso dar una lección a los excesos del mundo del arte y sus especuladores.

Los años veinte eran tiempos de modas y vanguardias. Los adelantos en los sistemas de producción y comunicación, la cultura de masas y las nuevas tendencias hicieron que el arte llegase a todos los rincones y generase una demanda difícil de complacer. Las galerías no daban abasto a las peticiones de los marchantes y mercaderes, nuevos ricos e ignorantes del arte que solo buscaban la inversión y el rédito en un mundo acotado hasta entonces a intelectuales. Ahí es donde aparecieron los especuladores. Y ahí es donde el profesor de latín, periodista, ex-teólogo y crítico de las nuevas vanguardias Paul Jordan-Smith fabricó su mofa urdiendo un pequeño plan para dejar en entredicho los nuevos ‘valores del arte’.

Paul nunca en su vida había cogido un pincel. De hecho tuvo que pedir prestado todo el material a un amigo. Sin formación ni técnica alguna decidió pintar el cuadro más absurdo y delirante que se le vieniese a la cabeza. En 20 minutos tenía su obra de arte que tituló “Exaltación”. Una aborigen con cara de gorila y de alguna remota cultura isleña agitando un plátano sobre su cabeza. En realidad quiso dibujar una estrella de mar pero no fue capaz de representarla.

Pero eso lo podía hacer cualquiera. Necesitada adobar la basura con el traje mediático que usaban los marchantes con los que solía tratar por su relación en prensa. Necesitaba una biografía de pintor exótico y una nueva vanguardia que refundar. Se hizo una foto suya esperpéntica disfrazado de ‘loco artista ruso’ y se rebautizó como Pavel Jerdanowitch, fundador del nuevo movimiento llamado Desombracionismo. Una vanguardia pictórica caracterizada por la ausencia total de sombras. En realidad la ausencia total era de técnica para representarlas pero de la carencia, el periodista, quiso construir una virtud como hacían sus denostados marchantes.

Con el cuadro, la biografía y conviertiéndose en falso representante de sí mismo, Paul escogió uno de los círculos minoritarios de nuevas tendencias para presentar su obra en Nueva York. Una vez dentro logró convencer al grupo para llevar la obra a la célebre galería Waldorf Astoria, donde fue expuesta a finales de 1925 y atrajo la atención de los bufones de la crítica. Chabrier Comte, desde París, pidió una pequeña biografía de Jerdanowitch y una foto para publicar su crónica en la prestigiosa revista de arte ‘Revue du Vrai et du Beau’. Paul le contó que el autor era tuberculoso y que en uno de sus viajes terapéuticos a las Islas de los Mares del Sur había contactado con civilizaciones ignotas. Ahora vagaba como eremita por los desiertos de California. La suerte y la mentira estaban echadas.

Tras el éxito de la crítica llegaron las ofertas. En 1926 la Galería Marshall Field, de Chicago; encargó una pintura inédita a Jerdanowitch. Paul pintó por él lo que llamó “Aspiración”, estampa costumbrista de una lavandera de color ejerciendo a pleno sol. La crítica fue unánime:

“Una mezcla encantadora de Gauguin, arte pop, trova Negra, con un montón de individualismo de Jerdanowitch”