miércoles, 12 de febrero de 2014

El realismo de IMAN MALEKI

Cuando conocí la obra de este hiperrealista iraní quedé impresionado. Al margen de lo que cada uno crea que es el arte o incluso de los gustos pictóricos que tengamos, he de reconocer que siempre es fascinante encontrar casos de talentos tan dotados para representar la realidad hasta el último extremo. Supongo que hoy en día, ante tanta expresión vulgar, necesitamos afianzar nuestros criterios atendiendo y valorando lo que exige la dificultad y la dedicación. Ese es el primer engaño al que podemos elegir jugar, porque a mi modo de ver, en realidad lo fácil y sencillo puede ser también extremadamente valioso. De hecho, muchas veces y en este caso podría no ser una excepción, damos por sentado que crear este tipo de obras es algo complicado cuando quizá para el artista y su necesidad vital de expresión sea lo más sencillo y grato. Ahí radica seguramente el secreto de su elección. Porque siempre elegimos expresarnos de la forma que mejor nos sentimos, al menos cuando nos dejamos abrazar por la fuerza de la vida.


No puedo garantizarlo, pero a pesar de las apariencias, me atrevo a garantizar que para Iman Maleki, pintar de esta manera es lo más sencillo del mundo. Eso no implica que no deba dedicar muchas hora y atención a lo que hace. Simplemente es un placer que llena su vida. Eso es lo que ocurre cuando somos nosotros mismos. Cuando disfrutamos haciendo lo que nos agrada lo que para otros es una proeza para nosotros es vivir en el cielo. Todo es fácil desde esos estados de conciencia.
Lo interesante sería que cada uno aprendiera a resonar con sus dones y se expresara desde ellos en lugar de pasar la vida tratando de ser lo que no se es. Entonces descubriríamos el valor de la autenticidad y en ella, todos los posibles matices de expresión. En este caso es obvio que el placer del sensitivo pintor nacido en Teherán pasa por "fotografiar" de una forma única cada escena que decide representar, donde bajo el velo de la sensibilidad y el detalle podemos adivinar las mismas huellas de su respiración durante el proceso de realización. Ahí radica la gracia para el espectador. Una pintura es para presenciarla en directo, porque el tiempo de su ejecución es parte del mensaje que vibra con ella cuando decidimos comprender más allá de la mente lo que la obra de arte nos está contando, nos está expresando. Sentir el proceso como espectador es ser parte de él. Una fotografía se crea habitualmente en un segundo de apretar un botón. Aporta desde luego otras muchas sensaciones, pero desde luego, esta no.

Víctor Brossa

Web oficial de IMAN MALEKI